Curaçao: diario de viaje

Aprovechamos las vacaciones de Carnaval para visitar Curaçao una pequeña isla a 2 horas de Panamá que en su día fue colonia holandesa. Es la C de las ABC antillas holandesas (Aruba, Bonaire y Curaçao).
Después de buscar por el mundo blog apenas encontré nada en español para organizar nuestro viaje así que espero que esto pueda ayudarte. Estuvimos durante el carnaval de Curaçao así que algunas cosas estaban cerradas pero vamos derechos a nuestro diario de viaje.

Día 0: Llegada a la isla y a la playa

Nada más aterrizar, nos dirigimos a alquilar nuestro coche. Llegamos en plenos carnavales. Más tarde sería el desfile de carnaval de Barber, así que el atasco a la salida de la ciudad nos preocupaba. Con un par de indicaciones, ponemos rumbo al norte donde nos alojaremos durante estas vacaciones.

Optamos por unos apartamentos ya que la oferta hotelera nos dejaba en la ciudad o nos obligaba a hacer comidas y cenas fuera, y Curaçao tampoco es que sea de lo más barato. Llegamos contentos a nuestro hogar en Nos Kruseros Apartments dejamos las cosas y nos ponemos en marcha: ¡tenemos ganas de playa!

Pero antes una parada para comer Blue View Sunset parece poca cosa desde la carretera, pero pasadas las mesas de qué hay junto a la barra, las vistas mejoran. Nos encontramos una iguana mientras inspeccionábamos el lugar, y eso dio pie a miles de preguntas por parte de los peques y el primer encuentro con la fauna curazoleña. Una vez terminada la comida nos encaminamos a Playa Grandi.

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Vistas desde el Blue Viwe Sunset

Aunque la arena no es 100% fina, los corales siguen estando varados a orillas del mar a la espera de convertirse en arena. Después de que Nacho se marchase a hacer snorkel regreso con una sonrisa de oreja a oreja: ¿que habría visto? “Ves esa roca, pues como a un metro y medio de distancia hay una roca suelta, mira ahí” y aunque me costo entender lo que me había dicho, la vi: una tortuga, tranquilamente nadando a un metro bajo mis pies. Esto es amor a primera vista.

Cuando estábamos preparándonos para salir, Nacho, Nara y Ezra se acercaron al embarcadero donde algunos hombres pescaban. Casualidades de la vida, el más mayor había trabajado en un barco, que lo había llevado a Tenerife en 1966. “De eso hace mucho tiempo” nos dice con una sonrisa mientras disfruta de su tiempo con su hijo y nieto. Y allí nos vuelven a mostrar otra tortuga, esta vez Nara y Ezra no caben en si de la emoción, uno de nuestros objetivos en la isla ya está cumplido .

Día 1: Willemstad Patrimonio de la UNESCO

La ciudad del Willemstad no es tan pequeña como parece, aunque todo su atractivo se reduce a unas cuantas manzanas, no siempre con posibilidad de andarlas a pie.

Empezamos el día visitando El Fuerte de Beekenburg que fue construidos en 1703 para reforzar la seguridad de la ciudad. El caribe estaba surcado por corsarios de todas las nacionalidades, aunque uno muy famoso era el británico Capitán Morgan del que ya hablamos cuando escribimos sobre el fuerte de San Lorenzo. Sin embargo, este fuerte, y este torreón no son tan grandes como para haber protegido la ciudad al completo. Es más, aunque las fotos engañen parece una simple torre. Han construido unas escaleras junto a la playa que ascienden hasta El Fuerte, un torreón pequeño, y en el camino puedes ver los vestigios de otros edificios que en su día tuvieron su función y de los que hoy apenas quedan el suelo.

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Vistas desde la zona más alta de la torre

Las vistas desde el Torreón nos muestran unas aguas azul turquesa espectacular y cómo este lugar está formado por bahías y canales. Lamentablemente (y aunque no sale en las fotos intencionadamente) hay un buque militar frente al fuerte.

Decidimos subir más arriba, la entrada por una estrecha puerta que finaliza en una pared y una escalera de madera vertical, era el momento de probar nuestras destrezas: los peques habían practicado en el parque infantil con la escalada, ¿superaríamos los padres la tensión de verles subir? ¡Claro que sí! Y desde allá arriba todavía la vista era más espectacular, esos tres metros de diferencia nos tenían más cerca del sol y el agua era aún más maravillosa. Si miras hacia abajo, el agua no deja de sorprender en ella se encuentran aquellos que se están bañando y buscando peces también.
Volvemos a montarnos en el coche para dirigirnos al barrio de Punda donde se encuentran coloridos carteles de Curaçao y Dushi (palabra que significa “encanto” o “querido” entre otras cosas). Callejeamos por estas calles peatonales, hoy cerradas por ser día festivo de carnaval, cargadas de arte callejero y tiendas con encanto.
Nos paramos en la Chichi Shop una mini-tienda de las famosas Chichi dolls fabricadas por la artista Serena quien ofrece un taller para crear la tuya propia (los niños deben tener al menos 4 años). Antes de venir ya tenía claro que quería llevarme una de estas a casa. La palabra chichi se refiere a la hermana mayor en Curaçao que se ocupaba de que todos los pequeños estuvieran bienes, una mujer fuerte, y eso representa. Actualmente, Serena tiene contratadas a muchas chichis que pintan a su gusto las muñecas, de esta forma, colaboran en casa con un dinero extra por su trabajo (puedes ver algunos de sus diseños aquí). La palabra bubu significa hermano mayor, así que yo tengo una chichi y un bubu.
Después de haber visto tantas imágenes de Curaçao, llegaba el momento de visitar esta pequeña Ámsterdam a la caribeña. La ciudad está repleta de bahías y canales, y en una de estas se encuentra el puente flotante de la Reina Emma.

 

Leí y releí esto muchas veces mientras buscaba información sobre la isla, pero no entendí lo que quería decir hasta que estuve en él. Flo-tan-te, que flota, que no está sujeto al fondo, que se mueve cuando un barco va a cruzar sí, pero también con cada ola que lo roza. Me sorprendió, me gustó, aunque creo que me habría mareado de estar allí mucho tiempo. Como digo, el puente de desplaza para dejar el paso a los barcos desde yates hasta cruceros, así que puede tardar 10 minutos o 45.

Y desde aquí se puede tomar la mejor foto de los “canales de Ámsterdam con el color caribeño”. Toda esta zona está considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Y es que entre estas pintorescas casas y las coloridas calles llenas de arte a su alrededor Willemstad bien merece este nombramiento.
Por fin resuenan los tambores, los pitos y la música anunciando que el desfile de carnaval estaba cerca. Ya les contare detalladamente lo que pudimos ver en el carnaval, pero mientras, quédate con la idea de que vale la pena, hay música, hay color, y todos los curazoleños participando de su fiesta.

Día 2: Knip, la arena más bonita del mundo

En nuestro segundo día en la isla, decidimos quedarnos cerca de nuestros apartamentos en unas playas calificadas con un 4.7/5 ¡y qué acertada estaba! Así es Kenepa Grandi.
Nada más llegar, empezamos con más fotos desde arriba, ese azul indescriptible del caribe cuando el sol aprieta. Bajamos las escalerillas con Nara y Ezra y tocamos la arena con los pies. Oh! Nunca habíamos visto una arena tan blanca ni tan fina. Ni Punta Cana , ni Bali , ni las Islas de Komodo, ni San Blás ni Bocas del Toro… con nada podíamos comparar esta arena. Una playa de antiguo coral blanco ahora totalmente pulverizado. Pero es que además, al encontrarse en una bahía, se cerraba al fuerte oleaje de mar abierto, perfecto para disfrutar con los más pequeños que aún no saben nadar. Con flotadores o manguitos qué fácil les resulta divisar a tantos peces como nos rodean: pequeños, grandes, plateados, coloridos….
Estamos de resaca del carnaval, la noche anterior fue la despedida de esta fiesta anual así que no hay tanta gente en la playa. Desde luego, el chiringuito de playa parece que hoy no abrirá. Después de un buen rato chapoteando los peques y snorkeleando los mayores decidimos volver a casa. Aunque hemos pagado por la hamaca y apenas la hemos aprovechado, nos avisan que nos servirá durante el día también en la playa “chica” y así en la tarde descubrimos Kenepa Chikki.

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Kenepa Grandi

Tan bonita como la de la mañana, simplemente de tamaño reducido. ¡Nos encanta! Aquí aún podemos ver muchos más peces que durante la mañana, estamos totalmente rodeados. No te hace falta ni gafas para hacer snorkel tan solo observar el agua transparente, eso si, a algunos peces solo los reconocerás por las sombras que hacen en el fondo marino de tan diminutos y tan claritos que son. ¿Pero a simple vista se ven peces de colores? Sí, quizás no tantos como cuando buceas, pero en la orillas además de peces plateados los tienes moteados y rayados, amarillos, negros y azules. Así que si se te olvidan las gafas no es excusa para no disfrutar de un día en estas playas.

Día 3: Curaçao Sea Aquarium, un acuario al aire libre

Cada día una aventura diferente, intentamos mezclar entre playa y ciudad, o entre cielo abierto y lugares donde cubrirse del sol para proteger nuestras pieles. Y es que el sol del caribe es maravilloso pero pega fuerte y no queremos arrepentirnos. De niña era incapaz de quedarme en la sombra, el sol era maravilloso y sentirlo en el cuerpo era recargar pilas y vida. Entonces iba con mi buena dosis de crema, ahora además de crema los peques llevan esas camisetas solares. Mejor precavidos que llevarnos un susto a casa.
Así que hoy decidimos llegar hasta la ciudad de nuevo. Nos habían hablado muy bien del acuario, aunque ya antes de ir había algo que no nos gustaba. El lugar se anuncia como un acuario al aire libre, y cierto es que tienen muchas piscinas naturales donde viven los animales marinos de mayor tamaño: tiburones gato, tortugas, delfines y focas. El resto del acuario es interior y más bien expositor, pues no hay tanta variedad de peces como los que vimos en Poema del Mar por ejemplo.

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Del área exterior, lo que más nos gustó fue sin duda la zona de los tiburones, barracudas, y roncos; pues allí tienes un barco con fondo de cristal y es lo más parecido a bucear sin tener que meterte con las burbujas. Los peques disfrutaron al máximo esta nueva experiencia para ellos. Más tarde, también vimos cómo, por un módico precio, puedes entrar en esta piscina a darle de comer a los peces y tiburones.
Hasta tres piscinas tienen los delfines, grandes, pero no tanto como el océano donde pueden nadar totalmente libres. Algunos de estos delfines nacieron en cautividad en este acuario, es todo lo que conocen. Y aquí entrenan para el show. Y esto es lo que realmente no nos gustó. Repitieron mil veces por los altavoces la relación de cariño entre el animal y el entrenador, el sentimiento de familiaridad entre ellos, tanto lo repitieron que parecía más que era para convencernos que porque fuera verdad. También aquí, por un módico precio, los niños pueden ser un mini-entrenador por un momento, puedes besar al delfín, o incluso nadar y bucear con ellos. En el mismo recinto hay un centro de buceo, que permite hacer todo esto con la seguridad necesaria.

Lo mismo ocurre con las focas, también hay espectáculo, también una de ellas nació en ese centro de Curaçao, y también por algo de dinero puedes hacerte una foto, darle de comer o vaya usted a saber qué.

Sin embargo, el acuario tiene otro tipo de ofertas mucho menos in así as como un mini-submarino (cápsula) en el que sumergirte y descubrir otras criaturas del fondo marino.
Dejamos el acuario con ese sabor agridulce, y nos dirigimos a comer al restaurante Hemingway en la misma playa Sea Aquarium. Desde aquí salen los barcos que te llevan a buscar cetáceos y a bucear por ejemplo, aunque también lo puedes hacer desde la orilla. Aunque estás en un beach club , el ambiente es muy tranquilo, el agua sigue siendo transparente y sigues teniendo el la posibilidad de disfrutar de la fauna marina sin interrupciones. Después de una buena comida, en un ambiente tranquilo, nos dimos ese chapuzón antes de finalizar el día y volver a Westpunt.
De camino al apartamento se nos hacía de noche, calculábamos el tiempo y decidimos pararnos a comer en algún restaurante en la carretera. Ya habíamos visto el Daniels, un restaurante de comida “francesa, asiática y local” que con tal descripción no nos apetecía nada entrar, pero era nuestra única opción, y… todo un acierto.
Situado en una antigua casa de campo, el restaurante tiene una arquitectura y una decoración digna de ver. La comida asiática es de Indonesia y no pudimos resistirnos a un nasi goreng, curioso que este plato lo encontramos en muchas zonas de la isla, aunque desconozco por qué. Vale la pena pasar por aquí, la comida esta rica y el lugar es precioso.

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Día 4: Playa Porto Marie, el día en qué los flamencos y los cerdos se escondieron de nosotros

Comenzamos el día con muchas ganas de ver los famosos flamencos, que el día anterior habíamos visto en el acuario, en libertad. La salina de Sint Marie cerca de Williwood, es el lugar donde suelen encontrarse. Hasta en 3 ocasiones llegamos a pasar en nuestro viaje y estos hermosos pájaros rosas se nos escabulleron: ni a las 9 de la mañana, ni a medio día, ni a las 3 de la tarde. No lo logramos, así que nos fuimos a Porto Marie, donde puedes encontrarte con los graciosos cerdos.
A esta playa se accede después de pasar una iglesia rosada, por un camino casi sin asfaltar. De pronto encuentras un cartel en el que te explican qué esta es una playa privada con un coste de 5 NAF. No nos gustan las playas privadas, nos gustan los espacios para todos. Y nuestra experiencia nos dice que no es porque sean espectaculares sino porque ofrecen copas, música con DJ y entretenimiento. Aún así entramos. Y es que Curaçao nos sorprende una vez más.

Se trata de una playa muy familiar, con un chiringuito donde la comida está muy bien (hay distintas especialidades de barbacoa), la mantienen extremadamente limpia, es amplia, y no fuimos capaces de encontrarle un pero. La gracia de esta playa puede que sean sus cerdos, que sólo vimos en el aparcamiento, pero vale la pena entrar por todo lo que es. Es la playa más larga que visitamos en Curaçao, la más limpia, no era una bahía como las demás y aún así el oleaje no es fuerte. Además tiene una pequeña plataforma a la que puedes llegar nadando a unos 30 metros de la orilla y desde la que sigues pudiendo ver el fondo cristalino y los peces nadando a tu alrededor. Nosotros nos llevamos a los peques a la plataforma desde la que saltaron al agua y buscaron sus pececillos. Por aquí hace un poco más de corriente marina así que no te dejes llevar o acabarás en la zona más profunda de la playa.

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La playa está dividida de forma natural por un pequeño grupo de rocas. Nos pusimos en el centro de la primera parte de la playa, y cómo en todas las playas por aquí, la entrada al mar se hace entre saltos para no hacerte daño al pisar los restos de coral, porque no hay piedras, es todo coral ya muerto y varado para convertirse en ese polvo hermoso que pisamos.
Eso sí, esta playa es para instagramers, no solo tienes la plataforma del agua sobre un azul turquesa casi fluorescente de su intensidad, también tienes una plataforma en altura sobre el parking con vistas panorámicas. ¿Qué más puedes pedir? De regreso a casa, nos encontramos con los cerdos en la zona del aparcamiento, refugiándose del sol y durmiendo una merecida siesta.

Terminamos el día cenando en una tradicional casa de campo Landhius Misje un lugar donde la comida es deliciosa y el ambiente excelente.

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Día 5: Buceo, playa Kalki y arte urbano en Willemstad

Los días pasan muy rápido cuando estás en la gloria, y eso es lo que nos esta pasando. A Nacho le tocó madrugar en su día de buceo, aunque luego, el ritmo caribeño, hizo que llegáramos nosotros a la playa sin que hubiera zarpado su barco. Los peques lo tenían claro: ellos también querían ir al barco, también querían bucear como papá. Sólo les quedan 6 años más…
Y mientras él pasa el día en sus dos inmersiones, nosotros lo pasamos en playa Kalki, una playa que teníamos a un minuto del apartamento y que no aparecía en ningún blog de los que leí para organizar nuestro viaje, cosa que me hacía dudar si valdría la pena o no… ERROR!!!

Tan clara, tan fina y tan blanca como las de Kenapa o Porto Marie, aunque la arena no estaba igual de limpia (pero es que las otras eran de 10, y ésta de 9!). Gracias a los flotadores manguitos, porque tanto Nara como Ezra se iban envalentonando con cada ola que jugaban y yo, tengo solo dos brazos. Chapotear, correr hacia las olas, volver a jugar, hacer piscinas, tartas de cumpleaños… y así se pasan las horas hasta que regresa papá con su barco y nos vamos a comer a Jaanchies.
Este es uno de esos lugares que todos recomendaban y que siento que es más por el excentricismo del lugar que por la calidad de la comida. La comida estaba buena, arroz, papas fritas, pescado y gambas para unos y estofado de carne para otros. Buena, pero nada espectacular. Y de postre, pidas o no, helado de maní, eso si estaba rico. Pero entonces ¿por qué se empeñan en recomendarlo? Por un lado es mucho más barato que cualquier otro sitio en los que comimos en Curaçao (incluso el mal chiringo de playa Kalki). Y por el otro, el lugar como digo es histriónico, con mil comederos para pájaros a los que les dan azúcar glasé y están como locos, tiene peceras, decoración imitando a las casas tradicionales, y sí, el servicio es muy amable y particular; pero no iría dos veces.

De ahí nos volvimos a la ciudad, esta vez para descubrir un poco su arte urbano, callejeamos buscando murales, casas de colores para después regresar a ese puente que tanto nos marea y finalmente cenar en Bistró.

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Día 6: Parque Natural Shete Boka y por qué el lado este de la isla no un lugar de playa

Había visto en mi búsqueda este parque natural que consiste en un montón de acantilados azotados por las olas y ese en sí mismo es el espectáculo. Esta zona de la isla es mucho más árida que el lado oeste y apenas hay vegetación, ni siquiera los cactus que están por toda la isla.

El parque en sí, no me emocionó, pero cobra sentido que sea un espacio protegido porque es un santuario de tortugas y en esta isla, las tortugas se cuidan mucho. El sol nos azotó pese a llegar temprano, así que sin terminar de verlo regresamos a casa. Este lado de la isla es el más golpeado por el viento, el más seco y si te fijas en el mapa, apenas tiene lugares de interés ni pueblos siquiera.

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Y por la tarde un poco de piscina, que a veces también hay que desconectar en las vacaciones. Terminamos el día yendo a Sol Food, un restaurante que sólo abre los viernes, sábados y domingos, y que venía altamente recomendado en todas las guías. Su especialidad, la pizza y como negar una pizza?? Deliciosa!

Día 7: Más Porto Mari y el último atardecer

Volvimos a Porto Mari, pero antes habíamos pasado por playa Lagun. Esta playa estaba super recomendada y me imagino que para hacer snorkel y bucear quizás vale la pena, sin embargo, la arena estaba realmente sucia así que no nos íbamos a quedar allí sabiendo que podíamos volver a alguna playa maravillosa.

Y por eso, regresamos a Porto Mari, esta vez llegamos a ver a los cerdos más cerca de la playa aunque no en el agua. Y si te digo la verdad, casi lo prefiero así, no sé si estoy muy cómoda después de que hayan retozado en el lodo.

Esta ve nos pusimos casi en el centro de la playa, junto a las rocas que la dividen de manera natural, y descubrimos que tanto en ese dique natural como en el lado del embarcadero, en la zona derecha no hay ni una piedra ni un coral, así que puedes acercarte a la orilla muy fácilmente y sin dolores.

Mientras estábamos merendando nuestra fruta y nuestras papas apareció una iguana, sin ninguna intención de marcharse, parecía que quería pera aunque no le dimos. A la fiesta se unió otra iguana de igual tamaño, ambas se refugiaron bajo la tumbona de una de las holandesas que allí estaban. A los peques, especialmente a Ezra, no les hizo ninguna gracia este animal, así que nos fuimos a disfrutar del agua.

En la hora del almuerzo nos quedamos a comer por allí y aprovechamos para probar la hamburguesa de kabrito, super recomendable. Los peques se aficionaron a los pancakes con frutas y aunque los zumos no son naturales, vale la pena darse un bocado allí mismo.

Por la tarde, después de una merecida siesta para todos, nos fuimos a playa Kalki de nuevo, donde disfrutamos del último atardecer de la isla.

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Día 8: Despedida igual que la bienvenida en playa Grandi

Teníamos que estar en la ciudad temprano para devolver el coche alquilado antes de llegar al aeropuerto. Por un momento no pensábamos hacer nada, pero… oh Curaçao cuantos momentos nos diste.

¿Cómo despedir el viaje? ¡Pues tal y como lo empezamos! Aquella primera tarde cuando fuimos a playa Grandi, el hijo de aquel marinero que había estado en Tenerife nos dijo que si íbamos temprano muchas veces se veían varias tortugas. No era muy temprano, pero por qué no intentarlo. Y allí mismo fuimos. Por el día la playa está llena de pescadores en barcas pequeñas y muchos curazoleños disfrutando de ella. Llegamos hasta el embarcadero a husmear por si teníamos algo de suerte. Ezra pegado a mi pierna mientras Nara iba en brazos de Nacho. “Ahí!” Otra tortuga se acercaba a despedirnos, pasó bajo nuestros pies en el embarcadero como el primer día y se marchó a seguir viviendo en el Caribe.

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Como ves, nuestros días en Curaçao han sido la auténtica gloria.

Nota: Nosotros tuvimos muchos problemas con nuestra tarjeta bancaria al pagar así que acabamos sacando dinero en la isla (con la consabida comisión) si prefieres evitar esto, asegúrate de que con tu banco puedes pagar allí o lleva dólares suficientes.

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