Carreteriando: Las Palmas, Andén Verde y Tamadaba

Normalmente, cuando alguien visita las islas Canarias o en concreto Gran Canaria tiene ese check list de cosas que hacer y no se aventuran mucho por carreteras secundarias. En este primer post, nos centramos en otras cosas… En esas carreteras “para valientes” que sólo se usan por necesidad pero que nos enseñan paisajes que nos enamorarán.


Muchas veces, hablando con amigos que no son de las islas te relatan el miedo que pasaron por nuestras carreteras, esas que dicen que se trazaron poniéndole pintura al rabo de una lagartija, pues rara vez son en linea recta. Y si te quedas a ver estas fotos entenderás que es posible que sean así, pero que bien vale la pena el vaivén.

Decidimos un día hacer una escapada, iba a ser corta, pero al final nos liamos y acabamos dando la vuelta a la isla. ¿Arrepentidos? ¡Eso nunca! Aunque no era el viaje más deseado por los niños por el rato en coche, lo pasaron de lujo al llegar al destino final. Pero empecemos por el principio.

Ruta desde Las Palmas de Gran Canaria al mirador del Andén Verde

La primera parte de la ruta es una autopista reciente hasta Agaete, no tendrás problema en llegar pues la señalización y la carretera son buenas. Desde ahí la cosa se complica y se embellece. Una carreterita sinuosa, de un sólo carril, pegadito al barranco, sube y baja por la montaña hasta llegar el Mirador del Andén Verde o del Balcón. 

Vista de la cola de dragón desde el mirador

El mirador, pegado a la carretera no tiene nada de particular, pero el escarpado paisaje, la vista de Tenerife y El Teide frente a ti y a la derecha los pequeños pueblos costeros del norte hacen que el recorrido valga el viaje. Allí paramos, respiramos el aire cargado de sal y de brisa de montaña, hicimos fotos, merendamos, vimos las motos pasar y cuando decidimos seguir, volvimos a nuestras carreteras tan particulares.

Ruta desde Anden Verde a Tamadaba

Continuamos nuestro camino sinuoso hasta el Parque Natural de Tamadaba, un lugar que forma parte de la infancia de muchos grancanarios. Desde picnics, excursiones escolares, acampadas y cumpleaños, un espacio muy cuidado con área recreativa para este tipo de actividades.

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Lamentablemente, el incendio del verano anterior, dejaba zonas del parque cerradas, pero ni ese es motivo para dejar de visitar el resto. Aqui nos paramos, volvimos a comer (algo que en esta casa no se deja de hacer nunca) y exploramos. Cuando me hablan de lo árida que es Canarias y sólo se fijan en el sur de la isla, siempre recuerdo que nuestra isla, Gran Canaria, tiene la fortuna de tener un poco de todo y todo bonito. Sí, si vas a Maspalomas puede que te sientas en el desierto del Sáhara, pero vete al interior y al norte de la isla y quizas te lleves una sorpresa.

El enorme pinar de Tamadaba es nuestro pequeño pulmón y realmente un gran parque de juegos que se prende fácilmente y que, como el año pasado, puede sucumbir rápidamente. Pero por algún motivo todavía hay personas descuidadas incluso en las zonas recreativas que ponen en peligro nuestras preciadas zonas verdes (esto no fue lo que pasó en el último incendio).

¿Quién quiere parques infantiles teniendo esto?

Si desde el mirador del Anden Verde las vistas son increíbles gracias a la conocida como cola de dragón, las de Tamadaba tampoco tiene desperdicio. Por un lado llegas a ver Tenerife una vez más, la costa de ese intenso azul que es el Atlántico que tan enamorada me tiene (sorry pero no lo cambio por el Caribe), y los particulares pueblos del interior con sus casas en cuevas tan nuestro y tan desconocido.

La silueta de Tenerife tras las nubes, y las caras pintadas durante todo el día

De regreso a la ciudad por el interior

En lugar de volver por la carretera de la costa, nos dirigimos hacia Artenara, no es que esa carretera sea amplia y sin curvas pero que lujazo poder ver estos pueblos. El camino por este lado, es diferente, no vas por autopista y el interior, salvo Tejeda, suele ser más desconocido. Ya que decidimos tener un día de aventuras, por qué no aventurarnos del todo.

Pueblos de casas blancas, empotradas en las rocas, con sus flores en las ventanas, pueblos con sus casas típicas de balcones de madera y marcos de piedra. ¿Quién dijo que Canarias sólo era playa? No supo mirar, no supo ver, no supo sentir.

¿Te has atrevido a visitar el centro de Gran Canaria? ¿Vencerá el miedo a la carretera o tu curiosidad viajera? Te leo!

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