Lo bueno de viajar con otros niños

Muchas son las personas que oyen “viajar con niños” y les da un pequeño paro cardíaco, les parece imposible, aburrido, cansado, o creen que irás a Disney mil veces; y nada de esto les parece un planazo.

En otras ocasiones he hablado de viajar con peques y además hay unas cuantas entrevistas de otros expertos en la materia (con blog incluido para cualquier tipo de duda). Es verdad, hay presiones externas; rara vez nos hemos subido a un avión y no hemos escuchado un comentario o visto una mala cara, pero así es la gente y no por eso vas a dejar pasar la oportunidad.

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Pero hoy te cuento nuestra experiencia viajando con otras familias al mismo tiempo, lo bueno, lo malo y lo regular, qué cosas me harían repetir la experiencia y cuáles me obligarían a quedarme en casa, ¿quieres leer más?

En enero de 2019 llegó el Papa Francisco a Panamá, y con esa escusa salimos del país. Y nos fuimos nada más y nada menos que a una isla caribeña: San Andres en Colombia.

Lo bueno

Todos aprendemos en el proceso, a respetarnos más, a cuidarnos más y también aquellas cosas que no queremos que nos pasen. En nuestro caso, yendo con un peque algo mayor que los nuestros, vimos por adelantado lo que era posible que ocurriese con los nuestros durante el 2019: rabietas de los terribles 2, preferencias por uno de los padres. Y ambas se han ido cumpliendo y en este viaje al menos nos dimos cuenta de que necesitábamos recursos para afrontarlo y mucha paz mental. Así que ahora cuando Nara y Ezra quieren ir sentados detrás de mamá que conduce desde la escuela a casa, me cambio a mitad de camino cuando recogemos a papá y aunque aún la paciencia no es su fuerte, ambos se ven respetados (y nosotros somos un circo andante muy divertido) y nosotros no nos amargamos.

La familia… pasar una semana juntos, en tiempos de bebés es como una vida entera, así que los lazos entre niños y adultos se estrechan y no hay nada más bonito que eso, no?

San Andres, Colombia
Bahia Rocky Cay, San Andres

Lo malo

Buscar… buscar destino y alojamiento no siempre es fácil porque no todos buscamos lo mismo por muy amigos y parecidos que seamos. Encontrar destino en nuestro caso no fue difícil pero por una cuestión puramente económica, era el único lugar que el bolsillo podía permitirse. Pero no fue tan fácil buscar alojamiento. Para unos era imprescindible mucho espacio para los niños y que tuviera piscina porque la playa asustaba a uno de los peques; para otros primaba más estar cerca de la playa en una zona donde pudiéramos acceder a los servicios básicos sin mucho problema. Tardamos semanas en encontrar el lugar que nos contentara a todos.

Los tiempos de cada uno… Si tienes que hacer cosas organizadas para lograr verlo todo, puede suponer un problema porque no todos tenemos las mismas rutinas, y si los niños son pequeños pero hay diferencia de edad como era nuestro caso, sus ritmos pueden no coincidir y ahí puede ser un poco caótico si no se dan independencia.

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Lo regular

El tiempo juntos… cierto es que de esto se benefician más los hijos únicos que los múltiples como los míos, pero a todos los peques les gusta tener a sus amigos cerca para los buenos momentos. Aunque también se puede volver complicado, pues con cualquier edad, hay un momento en que necesitan estar con su “círculo de confianza” y todo lo demás sobra o no quieren compartir juguetes, etc y en esos momentos las familias lo hacen más fácil si tienen una forma similar de hacer las cosas, así nadie saldrá herido ni habrá situaciones incómodas entre los adultos.

Tu intimidad… Dependiendo de lo largo que sea el viaje, o el tipo de alojamiento tener a otra familia 24 horas al lado puede ser a ratos agotador, pero al igual que los peques creas un lazo diferente en esta amistad.

Otros lugares imprevistos… Igual que a todos no nos gustan las mismas cosas, no buscamos las mismas cosas a la hora de investigar sobre un viaje. Y esto te da la oportunidad de descubrir sitios a los que jamás habrías llegado y que alucinarás que además te llevarán por una ruta de historias de viaje que compartir y anécdotas diferentes.

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¿Qué me haría repetir?

Saber que se sobrevive y se sale aún más reforzada. Que no sólo ves el viaje a través de los ojos de tus hijos sino también a través de los ojos de otros niños que son diferentes, con diferentes formas de hacer las cosas. Que tienes unas fotos maravillosas y que a la vuelta ese peque siempre te tendrá en una gran estima y tu te conviertes en una tía inesperada y orgullosa.

¿Qué me haría quedarme en casa?

Prever algunos conflictos por la forma de criar a nuestros hijos me haría quedarme en casa, con la manta en el sofá toda una semana. Porque inevitablemente va a haber conflictos entre los peques, y saber que la otra familia va a actuar de una forma que tu no compartes (y evidentemente tú con ellos también) va a intensificarse como si fuera Gran Hermano y a generar una situación difícil de recomponer. Para mí, no vale la pena perder esa amistad. Esto aplica con niños y sin ellos, porque no podemos viajar con todos nuestros amigos, y no pasa nada.

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¿Te atreves a viajar con otras familias?

Recuerda que compartir es vivir 😉

 

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