Alimentando viajando

Cuando uno piensa en viajar con niños se centra en las cosas más prácticas: maletas, transportes, visados… y se olvida de las cosas que van conformando el viaje.

En nuestro caso, no sólo teníamos que tener presentes los viajes, sino también el hecho de que iríamos cambiando de país cada poco tiempo. Y algo en lo que eso se nota es en la comida. Teníamos que lograr que comieran sin demasiado problema, que probaran todo tipo de comida y a ser posible que la disfrutaran. Según los estudios, uno de los factores que teníamos a favor era la lactancia materna. Parece mentira que eso fuese un factor a favor pero tiene sentido: la leche materna cambia de sabor según la dieta de la madre vs la leche de fórmula tiene siempre el mismo sabor. Otro factor que podía ser beneficioso era hacer BLW (baby lead weaning) o alimentación sin papillas. El motivo es que los peques experimentan los sabores y las texturas de cada una de las cosas vs en las papillas es todo una mezcla. Sonaba bien: no teníamos que hacer nada extra, comerían lo mismo que nosotros desde el principio.

blw
Poder comer donde sea lo que halla

Esto fue todo una revelación, por supuesto tuvimos quejas de los abuelos y los tíos con eso de que “se van a atragantar” y de más. La revelación ocurrió la primera vez que fuimos con ellos a un restaurante y comimos los 4 cada uno centrado en su plato. Más aún en el avión cuando no hubo que calentar nada, ni llevar “extras”.

Mientras viajábamos por Lanzarote, paramos en un restaurante y en la mesa de al lado había otra familia con dos niñas de unos 6 o 7 años cada una. Las niñas emocionadas señalaron a Nara y Ezra nada más entrar, a lo que su padre respondió:

“Nosotros también os llevamos cuando erais así de pequeñas, y nos arrepentimos. Ya verás cómo lloran, sólo van a poder comer pan.”

Lanzarote, España
Papas arrugadas, pimientos del padrón, mojo, queso, membrillo y aceitunas

Nacho y yo nos miramos y nos sonreímos. Pedimos lapas, croquetas de barracuda, queso, papas arrugadas y un bocinero asado. Así como llegaban los platos les fuimos sirviendo y ellos comiendo. No hubo una queja en toda la comida, y la familia quedó sorprendida. En todos nuestros viajes, han ido comiendo lo mismo que nosotros y eso nos ha facilitado con creces la tarea. Sólo en México evitamos los picantes, porque no están acostumbrados. Esto no quiere decir que si un día no les apetece comer, la comida vaya a ser placentera; que si quieren comer AHORA puedan esperar un rato, etc.

No conocíamos el BLW antes de ser padres y para nosotros ha sido, junto a la lactancia, algo que nos ha facilitado todos los viajes, dentro y fuera del país, en la playa o en la ciudad, y en nuestra vida diaria más allá de darles pan.

Y tú, ¿crisis a las horas de la comida o es fácil viajar y comer?

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Un comentario sobre “Alimentando viajando

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