Descubriendo Persépolis

Continuamos con nuestro viaje por Irán, ese que nos ha llevado a descubrir a gente hospitalaria, lugares mágicos y comida deliciosa.

Salimos de Yazd, ya nos quedaban pocos días en este hermoso país pero aún teníamos muchas cosas interesantes en nuestro recorrido: el desierto, la increíble ciudad de Persépolis y acabaríamos en Shiraz, una ciudad llena de color.

Desde Yazd hasta Shiraz organizamos el viaje con un conductor, eran 2 días completos y 442 km si hubiesen sido en línea recta. ¿Cómo estar tan cerca del desierto iraní y no pasar una noche en él? ¡Imposible! Además había muchos sitios interesantes por el camino que no estábamos dispuestos a pasar por alto. Así que dedicamos un día a recorrer el desierto en lugar de hacer tan sólo una parada en Persépolis. Fue una apuesta arriesgada, pues tan sólo nos quedaría un día en Shiraz ¿sería suficiente?

Salimos al amanecer para poder apreciar otros pueblos pequeños, abandonados pero similares a Yazd. Kharanaq fue el primero, y llamaba la atención porque pese a parecer un lugar árido tenía recodos verdes, muy verdes; además de un caravasar (lugar donde se alojaban las caravanas cuando cruzaban la Ruta de la Seda) hoy convertido en espacio de venta de artesanía.

Persépolis

A media hora de allí se encuentra un santuario zoroastro: Chak Chak. Cuenta la leyenda, la princesa Hayat Banoo huyó para salvaguardar su honor. En su huida avistó al enemigo acercarse mientras intentaba escapar. Subía la árida montaña entre sollozos y pidió a esas montañas que la cuidaran, que la salvarán de sus enemigos. La montaña se abrió dejando pasar a la princesa y se cerró dejando a sus enemigos sin poder encontrarla. Más aún, en el interior de la montaña empezó a manar agua como lágrimas de los huérfanos y oprimidos. La cantidad de agua manada variaba según la necesidad de los refugiados que durante siglos cruzaron ese desierto. Desde entonces, la montaña ayuda al que lo necesita.

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Los zoroastros son la primera religión monoteísta de la que se tiene constancia. La familia de Freddie Mercury era zoroastra

Meybod, otra ciudad de adobe con unos cuantos edificios interesantes que ver: la ciudadela, que lleva en pie al menos 1800 años y un edificio circular poco interesante desde el exterior. Resulta que daba cobijo a más de cuatro mil nidos de palomas. Ahora no hay palomas, pero sí los huecos donde hacía esos nidos, es un edificio curioso, diferente.

Persépolis

Y por fin a Bafq, el desierto, teníamos tantas ganas… Montamos a camello, una vuelta de unos 5 minutos y tuvimos todo el tiempo del mundo para caminar entre las dunas y hacer lo que quisiéramos. No pudimos, al llegar a las dunas los iraníes de la zona reconocieron que hablábamos “raro” y enseguida hicimos amigos. Otra vez esas ganas de agasajar al turista que impregna esta cultura.

Persépolis

A nosotros nos encanta ver el atardecer y el amanecer en cualquier sitio, y el desierto estaba aún por estar incluido en la lista. Nos alojamos en el Campamento Hossein Barzegari, un campamento familiar, en el desierto de Bafq.  Y vimos Júpiter y 4 de sus lunas gracias a las explicaciones de Maryam y los telescopios de su padre; y la cena nos la preparó su madre. Una delicia de sitio.

El camino hasta Persépolis fue largo y poco recomendable la verdad, tiene más sentido ir desde Shiraz y llegar temprano que llegar a medio día y cansados de tantas horas en coche, pero esta fue nuestra ruta y no nos arrepentimos, de otra forma no habríamos dormido en el desierto. Pero antes de llegar a Persépolis paramos en Pasargadae, que nos desilusionó mucho. Poco que ver y en mal estado pese a que en su día fue capital del imperio. También paramos en Naqsh-e Rostam que también parecía poca cosa. Pero no, al entrar, estar de cerca en esas puertas hechas en la roca, los detalles de las esculturas…

Persépolis

Y llegó el momento en que lamentamos haber ido a Irán durante en No Ruz: Persépolis. Estaba lleno de gente, apenas se podía camiar, y no hay una foto sin una cabeza, una sombrilla de colores o algo por el estilo. Para visitar Persépolis lo mejor es ir temprano, a ser posible que no sea No Ruz. Persépolis simboliza el éxito del Imperio Persa con el mandato Dario I el Grande en el 520 a.C. Hay tanto por ver… puertas en las montañas, palacios, columnas, más puertas, escaleras diseñadas para que los largos vestidos lucieran en su mayor esplendor, toda una ciudad que se alza en mitad de la nada. Persépolis nos gustó pero es verdad que había demasiada gente para disfrutarla bien.

 

4 comentarios sobre “Descubriendo Persépolis

  1. Pingback: La colorida Shiraz

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