Motivos para bucear en San Andres

Cuando viajamos a San Andres en enero quisimos volver a bucear. La última inmersión que hicimos juntos fue en Indonesia, de eso hace mucho tiempo, antes de estar embarazada y los peques ya tienen año y medio así que haz la cuenta. Nacho tuvo la oportunidad de regresar bajo el agua unos meses después, cuando visitamos isla Coiba y su reserva marina. Era una oportunidad que no podía desaprovechar, quizá vería al tiburón ballena, pero yo, con unas nausas que no podía ni moverme, no estaba para entrar en el agua siquiera.

Cuando decidimos que pasaríamos el Papaguedon fuera de Panamá, en el caribe colombiano y que además íbamos con una pareja de amigos más, vimos al oportunidad más clara que nunca. Volver a sumergirnos juntos será algo que tendrá que esperar algo más, pero poder regresar a las burbujas es un comienzo. Así que tocaba investigar con quién podríamos tener esa flexibilidad que necesitábamos sin que eso supusiera un incremento económico notable: Buconos fue nuestra opción y acertamos de pleno.

Organizamos primero nuestro plan con Alfonso y nuestros amigos, visitamos el espacio y viendo que era un lugar amplio decidimos que iríamos todos juntos hasta el centro de buceo. Primero me sumergiría yo, Nacho y nuestros amigos se quedarían con los tres niños (los dos nuestros y el suyo); luego lo haríamos al revés. Ni Alfonso ni su mujer objetaron por nada, es más nos facilitaron espacio y tranquilidad para la siesta de los tres.

Buceo en San Andres
Alfonso, foto de Buconos

Era la primera vez que me sumergía en dos años, y he de reconocer que tenía un poco de tensión bien agarrada al estómago. ¿Superaría la prueba? La de bucear y la de sumergirme si los niños se quedaban llorando en la superficie. Aquí sí que no podía comprobar que todo estaba bien, no podría sacar el móvil ni esperar que se pusieran en contacto conmigo si algo pasaba. Me coloqué el pesado equipo, recuerdo a los niños mirándome extrañados. Crucé la carretera de esa guisa (traje de buceo, tanque, aletas y gafas en la mano). Primero descendió Alfonso y luego bajé yo por las escaleras hasta estar los dos en el agua. Ritual antes de sumergirnos y empezamos a bajar, poco a poco fui desapareciendo de la superficie y adentrándome en las profundidades del Mar de los 7 colores, ya no había vuelta atrás.

Buceo en San Andres
Preparada para conocer el Mar de los 7 colores desde su corazón

Unos momentos de tensión más, un poco de inseguridad y la repetición de un mantra que me guiaría a lo largo de los 50 minutos de buceo: “es tu momento, todo está bien”. Creo que no había visto un azul tan intenso, o al menos no lo recordaba. Guiada por Alfonso fui recorriendo el banco de arena en busca de mantas, los corales en busca de peces león y el abismo en busca de tiburones. He de reconocer que lo del abismo no me gustó un pelo, no tengo miedo a las alturas, pero sí me dio vértigo (pero eso no me pasa en la superficie…).

Buceo en San Andres
Foto de Buconos

Cuando por fin subí a la superficie y salí del agua estaba radiante de felicidad. Había visto mucho, me había emocionado pero sobre todo había vuelto a superarme. Porque ese punto de incertidumbre de cómo estarán los niños, había desaparecido por completo bajo el agua; sabía que estaban bien pero sobre todo sabía que quería disfrutar de ese momento mío.

Buceo en San Andres
Morena, foto de Buconos

Luego hicimos el cambio, Nacho le tocó meterse bajo el agua y por supuesto vio cosas que yo no vi, siempre pasa lo mismo y por eso nos gusta bucear juntos, porque así a nadie le da rabia haberse perdido esto o aquello. Eso ya llegará, me repito.

Buceo en San Andres
Agradeciendo al mar nuestra inmersión

Llegamos al proyecto clave, otro de los motivos por los que hacer el buceo con Buconos, son varios los lugares en el Caribe donde están haciendo esto. En el caso de San Andres, los recursos son pocos, pero también se utiliza como escaparate. Resulta que, como nos contaba Alfonso, el coral está desapareciendo. Así, sin más. El cambio climático, la incidencia de los plásticos en la vida marina, la mano del hombre… El coral está desapareciendo. El proyecto Corales de paz consiste en crear unas “guarderías” de coral. Se trata de un jardín en el que trasplantan “esquejes” de coral y los protegen hasta que crezcan lo suficiente como para volver a transplantarlos al océano. No es tarea fácil pero es una tarea comprometida, de la que formar parte. El simple hecho de visitarla, de ver cómo han crecido esos pequeños jardines es una oportunidad.

Buceo en San Andres
Guardería de coral, foto de Buconos

No sé tú, pero yo nunca me había planteado que podría existir una guardería de coral, que podría plantar coral aquí para ponerlo luego allá, que esa podría ser una forma de mantener el coral que da vida y color al mar.

Gracias Buconos por la experiencia, por el aprendizaje, por la oportunidad; seguro que volvemos a encontrarnos.

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