Mujeres del mundo

Por momentos he dudado en si escribir este post o no. Este es un blog de viajes en familia y quizá no el lugar apropiado para reivindicaciones o pensamientos más allá de viajes. Pero es que las mujeres somos 3.712 millones que habitamos este mundo por el que viajamos. Y no mencionarlas, mencionarNOS, es tan irrespetuoso como cualquier otra acción.

A lo largo de nuestras vivencias, y digo vivencias y no sólo viajes, nos hemos encontrado con todo tipo de mujeres porque efectivamente hay de todo. Lo que no parece que cambie, ni siquiera en las “sociedades más avanzadas” en las que hemos vivido, es ese soniquete cultural que nos hace de menos. Que nos hace LAS responsables de nuestros hijos, LAS responsables de nuestras casas, LAS responsables de nuestras parejas, LAS que debemos tomar decisiones con respecto a la conciliación familiar porque ellos no tienen esa presión. Por supuesto, hay muchos hombres que son responsables de sus hijos, sus casas, de sí mismos y que practican la conciliación familiar. Hay otros hombres a los que les gustaría que las empresas y los gremios donde trabajan no le hicieran imposible la conciliación familiar. Sí, también existe presión para los que quieren que el mundo cambie, y por eso es tan importante que ellos también enarbolen la bandera feminista, sin vergüenza y sin temor.

Como decía, en estos años deambulando por el mundo hemos encontrado mujeres de todo tipo, y hoy mencionamos a algunas:

La primera que se me viene a la mente es Rose, la primera zambiana ranger de los parques naturales. Y el recuerdo viene no sólo por ser pionera en su país sino porque nos decía que sus compañeros, hombres zambianos, respetaban mucho sus habilidades, la habían ayudado a ser una más sin distinción. Sin embargo, recibía comentarios de los turistas, sutiles, pero de esos que dejan claro que creen que por su sexo no sabe hacer su trabajo. Esto lo vivimos nosotros mismos cuando una turista le insistía que siguiera a los coches de sus compañeros, que no se aventurase por ahí buscando leones o leopardos. Encontramos leones y leopardos por nuestra cuenta y con ayuda porque el trabajo del ranger también consiste en colaborar con sus compañeros para que los que visitamos los safaris disfrutemos de la naturaleza. Por ella, mañana haré huelga.

Tampoco puedo olvidarme de Zione, mi amiga, mi compañera malauí de mi estancia en Nkhata Bay. Luchadora por su vida y su familia, trabajadora, capaz de compartirlo todo sin esperar nada a cambio. Por cada historia que me contó, mañana haré huelga.

O de Sherry, mi hermana malauí, que a pesar de estar embarazada de 7 meses trabajaba cuidando a Zoe, a Martin y a Lughano, además de a sus propios hijos y mi querido cuñado que no movía un pelo en casa. A esas mujeres que una vez dan a luz, su marido se va de casa 3 o 4 meses porque ellas no pueden atenderlo. Por ellas, mañana haré huelga.

Tampoco puedo olvidarme de aquella señora que fue multada en Turquía porque su marido se hizo daño en la mano mientras le pegaba una paliza. Por ella, mañana haré huelga.

Cómo olvidarme de las mujeres que conozco en Panamá que trabajan horas interminables y cuando llegan a casa tienen que prepararles las comidas a sus parejas, o madrugar para hacerles el desayuno sin un sólo día de descanso. Por ellas, mañana haré huelga.

No me olvido de las que viviendo en “sociedades avanzadas e igualitarias” son las que se encargan del cuidado de sus hijos y de sus casas, además de sus trabajos que ya han “normalizado” esta situación. Por ellas, mañana haré huelga.

Porque cuando el 31 de diciembre de 2018, hacían el resumen del año en España, salían a la luz los números de las mujeres asesinadas por sus parejas. Se recordaban las sentencias judiciales más absurdas e inverosímiles que había escuchado hasta la fecha. Por eso, mañana haré huelga.

Mañana es 8 de marzo, me gustaría realmente que fuera un día para celebrar. Todavía no estamos ahí, estamos en un momento en que miramos a nuestro alrededor y tenemos la duda de si estamos avanzando en la igualdad o está habiendo un retroceso. En un momento en que las feministas hemos dejado de serlo para ser “femi-nazis” (que sigo sin entender qué es eso). En un momento en que oyes decir eso de “ni machismo ni feminismo, yo quiero igualdad”, momento perfecto para tirar de Google y aleccionar con el significado de feminismo. En un momento en que si un hombre dice que es feminista, no se entiende. Estamos en un momento difícil. Sí tenemos más derechos que los que tuvo mi abuela que por otro lado tiene 94 años, mala señal si siguiéramos igual. Pero ya no son sólo los derechos, es lo que nos rodea, es la cultura fundamental de fondo que sigue marcando las diferencias.

Mañana es 8 de marzo, mañana haré huelga, ¿y tú?

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