Colonia: visitante que no turista

La vida que nos rodea actualmente, la de nuestra generación y nuestro país, da pie a tener amigos por todo el mundo. Y si viajar nos encanta, viajar a lugares desconocidos para visitar amigos es una ventaja. Ventaja porque además de disfrutar de los reencuentros, estos amigos hacen de guía allá donde vas y visitas no sólo los lugares turísticos sino los habituales en sus rutinas diarias. Esto es lo que ha pasado en el último viaje.

Colonia era una ciudad nombrada desde hacía mucho tiempo por distintos motivos, pero en los últimos 7 años porque tenemos una amiga y una sobrina viviendo allí, ¡y aún no habíamos encontrado tiempo de visitarla! Este agravio tenía que solucionarse pronto y así comienza este viaje.

Un poco de historia

Colonia es una de las ciudades más antiguas de Alemania, establecida como tal desde hace unos 2000 años. En 1388 Colonia fundó la primera ciudad universitaria de Europa que actualmente es una de las más grandes de Alemania con 44.000 estudiantes, así que esta es una ciudad llena de jóvenes en la que disfrutar de muchos planes. Casi el 90% de la ciudad quedó destruida por los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial y aunque en su momento se pensó en abandonarla, en 1947 comenzó su reconstrucción y gracias a ella, esta preciosa urbe se mantiene. Rodea al río Rin y es la cuarta ciudad más grande de Alemania, pese a tener una población de medio millón de habitantes. La lluvia favorece que en primavera y verano luzca con ese verde resplandeciente que sigue impresionándonos.

¿Qué podemos ver en Colonia?

No habrás estado en Colonia si no has visitado su catedral construida entre 1248 y 1880, en la actualidad está prohibido construir un edificio más alto que la catedral con una altura de 157 metros y en la que caben hasta 2000 personas. Pese a su altura, está escondida entre callejuelas hasta que llegas a una plaza y es imposible no mirarla, no quedarse impresionado con todos sus detalles. Esta catedral de estilo gótico alberga en su interior los restos mortales de los Tres Reyes Magos, y vitrinas de colores. Una de esas vitrinas está formada por simples cuadritos que cualquier ciudadano podía comprar y poner a su nombre. Justo antes de irnos en la primera visita comenzó a sonar el impresionante órgano que se encuentra en las alturas y un dulce coro, haciendo del lugar un poco más mágico.

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Alrededor de la catedral hay calles comerciales y museos: Museo Romano-Germano o el Museo Ludwig, sin olvidarnos del puente que cruza el Rin (Hohenzollern) repleto de candados de parejas que juraron estar juntas para siempre o la zona verde (Weltjugendtagsweg) que rodea la arquitectura tradicional de Colonia con múltiples bares con comida tradicional, las famosas cervecerías alemanas y desde la que puedes ver la iglesia de San Martin el Grande de arquitectura románica.

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Antes de visitar Colonia revisé todos los monumentos y museos que ver en la ciudad y quedé muy impresionada al ver que había alrededor de unas 15 iglesias que visitar, una famosa sinagoga y el proyecto de construcción de la mezquita más grande de Europa; pero como no iba de turista sino de visita me dejé guiar por mi anfitriona y reduje las visitas. De otro modo habría sido agotador llegar a todo, pero después de haber vivido en lugares con distinto culto religioso, me llama la atención la posibilidad de convivencia cuando veo tanto templos congregados en una sola ciudad.

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Quedé con la impresión de que Colonia era una ciudad típica europea del norte en el sentido de sus avenidas comerciales, llenas de cafeterías y de bullicio. Es imprescindible probar alguna de sus múltiples tartas y por supuesto la comida tradicional de la zona; una ciudad tranquila con mucha cultura de transporte en bicicleta, algo que reconocemos echamos de menos de nuestra estancia en Copenhague, tranquila y con buenas conexiones, preciosa para visitar en verano por su clima más suave.

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Bonn

A 35 kilómetros de allí se encuentra la ciudad de Bonn. Más pequeña aún que Colonia fue capital de Alemania Occidental tras la Segunda Guerra Mundial hasta 1990, y sede del gobierno hasta el 99. Aquí paseamos simplemente por el centro. Vimos la plaza del ayuntamiento, la casa en la que nació Beethoven y la estatua al maestro de la música rodeada de edificios simbólicos como la oficina de correos.

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Me quedé con ganas de ver la avenida de los cerezos en flor (Heerstraße) aunque ya había acabado la floración. Otro de los atractivos que tendremos que repetir son los múltiples (hasta 12 en Colonia) mercados navideños que se establecen en las plazas de la ciudad, luces y ambiente que podrían ser una opción perfecta para la época de invierno.

¿Se puede visitar con niños?

Como la mayoría de las ciudades europeas, Colonia y Bonn son dos lugares perfectos para estar con niños de todas las edades. Así que no pierdas la oportunidad, ¿te gustaría ver los cerezos en flor de Heerstraße?

 

2 comentarios sobre “Colonia: visitante que no turista

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